Antisemitismo islámico en Francia: hacia la limpieza étnica

12/Mar/2018

Gatestone Institute, por Guy Millière

Antisemitismo islámico en Francia: hacia la limpieza étnica

En las casas de los judíos aparecen
pintadas que advierten a sus propietarios de que «huyan
inmediatamente» si quieren vivir. En los buzones les dejan cartas anónimas
con balas auténticas.
Los judíos franceses que pueden marcharse
del país lo hacen. La mayoría se marcha de forma apresurada; muchas familias
judías venden sus casas muy por debajo del precio de mercado. Los distritos
judíos que antes eran prósperos ahora están al borde de la extinción.
Viernes, 12 de enero de 2018. Sarcelles.
Una localidad en la periferia norte de París. Una joven de 15 años vuelve del
instituto. Lleva un collar con una estrella de David y el uniforme de una
escuela judía. Un hombre la ataca con un cuchillo, le raja la cara y se da a la
fuga. La chica quedará desfigurada para el resto de su vida.
El 29 de enero, de nuevo en Sarcelles, dos
adolescentes dan patadas y puñetazos a un niño de 8 años que lleva una kipá.
Un año antes, en febrero de 2017, en Bondy,
dos jóvenes judíos que llevaban kipás fueron apalizados con porras y barras de
hierro. A uno le cortaron los dedos con una sierra.
Antes de eso, en Marsella, un profesor
judío había sido atacado con un machete por un alumno de su instituto que dijo
que quería «decapitar a un judío». El profesor usó la Torá que
llevaba para protegerse. Sobrevivió, pero quedó gravemente herido.
En Francia, los ataques antisemitas se han
multiplicado.
La mayoría se lleva a cabo a plena luz del
día; los judíos saben que deben ir con cuidado por la calle. Algunos atacantes
irrumpen en las casas de los judíos.
En septiembre de 2017, Roger Pinto,
presidente de Siona, una destacada organización proisraelí, fue retenido y
golpeado durante horas por unos individuos que habían entrado forzando la
puerta.
Sarah Halimi, una anciana judía, sufrió
golpes y torturas en su apartamento de París, y después la tiraron por el
balcón.
El 18 de enero, seis días después del
ataque con cuchillo de Sarcelles, uno de los líderes de la comunidad judía de
Montreuil, al este de París, fue torturado toda la noche por dos hombres que habían
entrado en su domicilio rompiendo una ventana, atacándolo mientras dormía.
En las casas de los judíos aparecen
pintadas que advierten a sus propietarios de que «huyan
inmediatamente» si quieren vivir. En los buzones les dejan cartas anónimas
con balas auténticas en las que les dicen que la próxima bala se las dispararán
en la cabeza.
Se pinta la palabra judío en mayúsculas en
tiendas y restaurantes judíos. En el tercer aniversario del atentado contra un
supermercado kósher de París, otra tienda kósher fue prendida fuego y
destruida.
«Uno de cada tres actos racistas
cometidos en Francia en los dos últimos años fue dirigido contra un judío,
aunque los judíos representan ahora menos del 1% de la población
francesa», señaló el informe más reciente que el Servicio de Protección de
la Comunidad Judía ha presentado al Gobierno francés.
«El antisemitismo ha crecido tanto
últimamente —añadía el informe— que los actos de agresión que no dejan heridas
ya no se reportan. La mayoría de las víctimas se sienten impotentes y temen las
represalias por presentar una denuncia».
Los judíos franceses que pueden marcharse
del país lo hacen.
Los que aún no han decidido marcharse o no
tienen medios para hacerlo se mudan a barrios más seguros.
La mayoría se marcha de forma apresurada;
muchas familias judías venden sus casas muy por debajo del precio de mercado.
Algunas familias acaban en apartamentos que son demasiado pequeños, pero
prefieren la incomodidad al riesgo de que los asalten o los maten.
Puede que la comunidad judía francesa sea
la más grande de Europa, pero está menguando rápidamente. En 2000 se calculaba
que tenía unos 500.000 miembros, pero la cifra es ahora inferior a 400.000, y
bajando. Los distritos judíos que antes eran prósperos ahora están al borde de de
la extinción.
«Lo que se está produciendo ahora es
una limpieza étnica a la que no nos atrevemos a llamar por su nombre. En unas
pocas décadas ya no habrá judíos en Francia», dice Richard Abitbol,
presidente de la Confederación de Judíos Franceses y Amigos de Israel.
Sin los judíos de Francia, Francia ya no
sería Francia, afirmó el ex primer ministro Manuel Valls en 2016. Pero no hizo
nada.
Hace poco dijo que había hecho todo lo
posible, que no podía haber hecho más. «El problema —dijo— es que el antisemitismo
actual en Francia procede menos de la extrema derecha que de los individuos de
confesión o cultura musulmana».
Añadió que en Francia, durante al menos dos
décadas, todos los ataques contra los judíos en los que se ha identificado al
perpetrador los han cometido musulmanes, y la mayoría de los más recientes no
han sido una excepción.
Valls, sin embargo, sufrió enseguida las
consecuencias de su franqueza. Fue empujado a codazos a los márgenes de la vida
política. Las webs musulmanas lo llamaron «agente del lobby judío» y
«racista». Exlíderes de su propio partido, como el exministro de
Exteriores Roland Dumas, dijeron que la mujer de Valls es judía y dieron a
entender que estaba «bajo su influencia».
En Francia, decir la verdad sobre el
antisemitismo islámico es peligroso. Para un político es suicida.
Los políticos franceses, de la derecha y la
izquierda, saben que rige la corrección política y que transgredir sus normas
no escritas conduce a la exclusión de los medios y efectivamente al ostracismo.
Saben que ya no se pueden utilizar algunas palabras en Francia, y que las
organizaciones antirracistas se aseguran de que nadie pueda criticar al islam.
Una nueva edición de un libro de texto de
Historia de octavo curso de un colegio público afirma que en Francia está
prohibido criticar el islam, y cita una sentencia judicial para sustentar la
afirmación.
Los políticos ven que la cifra de
musulmanes en Francia es tan alta ahora que es prácticamente imposible ganar
unas elecciones sin el voto musulmán, y que la diferencia entre la tasa de
nacimientos entre musulmanes y no musulmanes hará más insalvable ese criterio
en los próximos años.
Los políticos también ven que las 600
«zonas de exclusión» del país están creciendo; que los musulmanes
radicalizados podrían matar y que pueden estallar revueltas violentas en
cualquier momento. En Francia, más de 500 personas han sido asesinadas o
mutiladas por terroristas islámicos en menos de cuatro años.
Los políticos también ven que las olas de
inmigrantes de Oriente Medio y África han creado barriadas que en su mayor
parte son ajenas al control de la Policía; que las cárceles están a punto de
estallar y que los judíos no tienen peso electoral y son básicamente
impotentes.
Los políticos, por tanto, eligen la inercia,
la negación, la cobardía.
En los barrios musulmanes franceses, los
imanes islamistas denuncian la «mala influencia» de los judíos y
difunden teorías conspiratorias antisemitas. Los políticos guardan silencio.
Las librerías islámicas de Francia venden
libros prohibidos en otras partes, como los fraudulentos Protocolos de los
Sabios de Sion, y CD y DVD con virulentos discursos antisemitas de predicadores
radicales. Yusuf al Qaradawi, el líder espiritual de los Hermanos Musulmanes,
que tiene prohibida la entrada en Francia y Estados Unidos, dice que lamenta
que Hitler «no terminara el trabajo». Los políticos franceses guardan
silencio.
Aunque no ha habido ataques contra
sinagogas en Francia desde 2014, están vigiladas las 24 horas por soldados
armados que llevan chalecos antibalas y se protegen tras sacos terreros, como
lo están los colegios y centros culturales judíos.
Militares franceses protegen una escuela
judía en París. (Foto: Jeff J Mitchell/Getty Images).
Entre tanto, la ley dirigida a castigar las
amenazas antisemitas se utiliza ahora para castigar a los que denuncian las
amenazas.
Hace seis años, el escritor Renaud Camus
publicó Le grand remplacement («El gran reemplazo»), un libro que
señalaba que los judíos y los cristianos no sólo están siendo reemplazados por
los musulmanes, también que a menudo son hostigados y perseguidos. Lamentaba la
destrucción de las iglesias y describía los ataques contra los judíos como un
«pogromo lento». Fue condenado por «incitación al odio».
Recientemente, el periodista Éric Zemmour
observó que en sus barrios los musulmanes viven ahora «según sus propias
leyes», obligando a los no musulmanes a marcharse. Fue declarado culpable
de «incitación» y multado.
Un reportero que realizó hace poco un
documental sobre los barrios musulmanes franceses, concluyó que los Hermanos
Musulmanes y otras organizaciones islamistas radicales están arraigando
rápidamente en las comunidades musulmanas francesas mientras propagan el odio
hacia los judíos y Occidente, y que tienen muchas escuelas donde se enseña la
yihad.
El Gobierno francés, añadió, está
financiando estas escuelas y es por tanto cómplice de sembrar las semillas de
una devastación que podría perfectamente ir más allá de la destrucción de los
judíos de Francia. «La ocupación de Occidente —dijo— se hará sin guerra,
pero lentamente, mediante la infiltración y la subversión». Ninguna cadena
de televisión francesa lo ha emitido, ni prevé hacerlo. El documental sólo se
emitió en Israel.
Manifestaciones contra Israel que apoyan el
terrorismo. Gente que grita: «Muerte a los judíos». Pero después a
esa gente nunca se la detiene por discurso del odio.
Las encuestas revelan que la diseminación
sin trabas del antisemitismo y la violencia de los musulmanes resultante ha
provocado el surgimiento de un antisemitismo generalizado que evoca nítidamente
algunos periodos oscuros de la historia.
Un creciente porcentaje de franceses dice
que los judíos de Francia son «demasiado numerosos» y «demasiado
visibles».
Los informes para el Ministerio de
Educación Nacional revelan que se utilizan expresiones como «No hagas como
los judíos» para criticar a un alumno que no dice lo que piensa, y están
muy extendidas en los colegios públicos. Los estudiantes judíos son cada vez
más objeto de burla, y no sólo por parte de los estudiantes musulmanes.
Hace unos días, la cómica Laura Laune ganó
el concurso de telerrealidad Got Talent Francia. Algunos de sus chistes
bromeaban con que hubiese menos judíos en el mundo en 1945 que en 1939. Las
organizaciones judías protestaron, pero en vano. Ahora, llena las salas. El
cómico antisemita Dieudonné también llena los estadios donde actúa.
Recientemente, la prestigiosa editorial
Gallimard pidió volver a publicar los escritos antisemitas de Louis Ferdinand Celine,
admirador francés de la Alemania nazi y firme defensor del exterminio de los
judíos de Europa durante el régimen de Vichy. El primer ministro, Edouard
Philippe, se declaró a favor de volver a publicarlos, e hizo hincapié en que no
se puede negar «el lugar central de Celine en la literatura
francesa». El famoso cazador de nazis Serge Klarsfeld repuso que los
escritos que habían enviado a sus padres a la muerte «no debían volver a
ser accesibles». Gallimard aplazó temporalmente la publicación.
Hace unos años, el deber de memoria —lo que
se le ha hecho a los judíos— era objeto de muchos artículos. El pasado 27 de
enero, Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, ni un
solo periódico francés lo mencionó.
El presidente francés, Emmanuel Macron,
guardó silencio. Publicó un tuit que evocaba «Auschwitz» y la
necesidad de «preservar la paz, la unidad y la tolerancia». No dijo
una palabra sobre los judíos o el Holocausto. Es difícil encontrar hoy en
Francia «la paz, la unión y la tolerancia», especialmente si eres
judío francés.